La gente suele decir que seguir el cielo y descansar en el destino, pero en realidad, la verdadera “obediencia” consiste en comprender el cambio constante de todas las cosas y aún así mantener viva en el corazón esa chispa inextinguible. Cuando el viento arranca la ropa, la lluvia intensa difumina la vista, los cambios ya no son olas externas, sino un campo de pruebas en el interior del corazón. La hoja de la ruptura nunca proviene de lo celestial, sino que se forja en cada decisión, en la chispa que surge del choque entre los huesos y la fe.
Mira cómo la marea del río ruge, al chocar contra l
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