El mercado en baja no es el fin, sino más bien una gran marea que arrastra todo lo que no es sólido.
Actualmente, las operaciones son escasas, unas pocas órdenes grandes son suficientes para desencadenar una cadena de liquidaciones. Los que apuestan fuerte suelen ser los primeros en salir — no porque no haya una ventana de escape, sino porque agotan sus opciones de retirada con anticipación.
Pero recuerda siempre: cuanto más profunda sea la caída, más fuerte será la recuperación.
Cuando el mercado ya no pueda generar pánico, y ningún mensaje negativo pueda reducir la tendencia, el cambio de dirección suele ocurrir en un instante.
Un mercado débil no se trata de obtener mayores o menores ganancias, sino de ver quién puede resistir más tiempo.
No pierdas fichas en un pozo profundo, no gastes todas tus reservas en la volatilidad.
Solo aquellos que sobreviven a la fase de indiferencia serán dignos de escuchar el estruendo que se avecina.
Al final, quien puede mantenerse en la partida será siempre quien nunca abandonó la mesa.
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El mercado en baja no es el fin, sino más bien una gran marea que arrastra todo lo que no es sólido.
Actualmente, las operaciones son escasas, unas pocas órdenes grandes son suficientes para desencadenar una cadena de liquidaciones. Los que apuestan fuerte suelen ser los primeros en salir — no porque no haya una ventana de escape, sino porque agotan sus opciones de retirada con anticipación.
Pero recuerda siempre: cuanto más profunda sea la caída, más fuerte será la recuperación.
Cuando el mercado ya no pueda generar pánico, y ningún mensaje negativo pueda reducir la tendencia, el cambio de dirección suele ocurrir en un instante.
Un mercado débil no se trata de obtener mayores o menores ganancias, sino de ver quién puede resistir más tiempo.
No pierdas fichas en un pozo profundo, no gastes todas tus reservas en la volatilidad.
Solo aquellos que sobreviven a la fase de indiferencia serán dignos de escuchar el estruendo que se avecina.
Al final, quien puede mantenerse en la partida será siempre quien nunca abandonó la mesa.