La ley CLARITY establece una nueva era de regulación "computacional", y la revisión de la BSA obliga a una actualización en el cumplimiento técnico obligatorio
Estados Unidos está a punto de entrar en una nueva fase en la regulación de las criptomonedas. El 15 de enero de 2026 por la mañana, el Comité del Senado de Banca planea votar la versión revisada de la Ley CLARITY, una votación clave que determinará la lógica regulatoria futura para la industria de activos digitales. Más que una simple ley, se trata de una guía para la transformación del sector—una revisión fundamental de cómo las autoridades reguladoras evalúan los activos digitales, pasando de juicios cualitativos ambiguos a un sistema de evaluación cuantitativa basado en indicadores calculables.
La ley original H.R.3633 fue aprobada en la Cámara de Representantes el 17 de julio de 2025 con una mayoría de 294 a 134 votos y fue presentada en el Senado el 18 de septiembre. Sin embargo, debido a su impacto en las stablecoins y las reservas bancarias tradicionales, quedó en un estancamiento. No fue hasta el 12 de enero de 2026 que el presidente del Comité del Senado de Banca, Tim Scott, hizo público el texto final de la negociación bipartidista. Esta revisión fortaleció las responsabilidades penales de los emisores de stablecoins y detalló los procedimientos de verificación para las “blockchains maduras”—lo que indica que esta reforma no es una medida provisional, sino una actualización regulatoria sistemática y bien pensada.
De “cualitativo” a “cuantitativo”: la ley redefine la base de la regulación
Si antes la regulación de las criptomonedas dependía de juicios subjetivos de los funcionarios de la SEC y de herencias regulatorias como la “Prueba de Howey”, la Ley CLARITY establece un nuevo marco basado en datos y en la transparencia de las blockchain. El artículo 205 de la ley define los criterios para reconocer una “blockchain madura”, que se basa en un sistema de indicadores calculables.
Cualquier activo que busque ser clasificado como “bien digital” debe cumplir con un conjunto de condiciones cuantitativas claras. La más importante es el control de la concentración de gobernanza—los emisores, entidades relacionadas y actores en acción conjunta no pueden poseer en conjunto más del 20% del poder de voto. Esto no es una exigencia vaga, sino una línea matemática precisa. Para los VASP (Proveedores de Servicios de Activos Virtuales), esto implica realizar auditorías profundas de “gobernanza penetrante” antes de decidir listar un activo, en lugar de confiar únicamente en la descripción del proyecto en su whitepaper.
Incluso si un protocolo Layer 2 o una aplicación DeFi parecen tener una distribución de tokens dispersa, si el equipo fundador mantiene derechos de gobernanza clave mediante firmas múltiples, legalmente aún podrían ser considerados sistemas no maduros y, por tanto, clasificados como valores. Esto obliga a los exchanges a tener la capacidad de identificar estos “poderes ocultos” durante las revisiones de cumplimiento.
Asimismo, la ley exige que los sistemas maduros tengan código fuente accesible públicamente y un historial de transacciones completamente verificable de forma independiente. Las cadenas privadas o las cadenas laterales con gestión centralizada que carezcan de esta transparencia enfrentarán dificultades para acceder a los principales exchanges después de 2026. Esto impulsa efectivamente a la ecosistema cripto hacia un entorno más abierto y transparente.
La “espada de Damocles” de las stablecoins: de garantías de auditoría a responsabilidad penal
La actualización en la regulación de stablecoins puede ser la parte más estricta de la ley. Para las “stablecoins de pago autorizadas”, la ley establece una protección regulatoria comparable a la de la banca tradicional. La sección 512 es especialmente crucial—exige que los emisores de stablecoins presenten informes de auditoría en nivel de “Examination” mensualmente.
Aquí es importante distinguir entre “Examination” y “Attestation”. En el contexto de auditoría profesional, “Examination” representa el nivel más alto de garantía, requiriendo que el auditor no solo verifique los números del informe, sino que también penetre directamente en los activos subyacentes—por ejemplo, verificando directamente las reservas en bonos del Estado o en efectivo. Esto significa que los emisores ya no podrán simplemente afirmar “tenemos reservas”, sino que deberán someterse a auditorías financieras de nivel militar.
La revisión de la BSA y la exigencia de análisis en cadena
La enmienda a la Ley de Secreto Bancario (BSA) en la Ley CLARITY puede ser la parte más fácil de pasar desapercibida, pero con un impacto profundo. La ley exige que los corredores y exchanges de activos digitales utilicen “herramientas de análisis de registros distribuidos apropiadas” para monitorear y reportar actividades sospechosas.
Este requisito significa que el análisis en cadena, que antes era opcional y costoso, ahora es obligatorio para cumplir con la BSA. La falta de integración de herramientas de análisis que cumplan con los estándares federales será considerada incumplimiento, afectando directamente la capacidad de registro. Esto obliga a toda la industria a actualizar su infraestructura—la integración de análisis en cadena ya no es opcional.
Pero la ley también establece un límite invisible: el artículo 105 protege el derecho de los ciudadanos estadounidenses a poseer wallets autogestionados y realizar transacciones P2P. Esto crea una paradoja—los VASP deben identificar movimientos ilícitos sin restringir el derecho a la autogestión. Esto requiere que los análisis en cadena evolucionen desde simples “listas negras de direcciones” hacia análisis de topologías de múltiples saltos. Los VASP deben demostrar, sin violar la privacidad, que los fondos recargados no pasaron por mezcladores ilícitos o entidades sancionadas. Es un desafío técnico real.
La realidad del sector: la actualización de la infraestructura de cumplimiento ya es imprescindible
Desde los tres pilares de la ley (estándares cuantitativos, responsabilidad de stablecoins, requisitos de análisis en cadena en la BSA), una señal clara emerge: el modo en que la industria cripto debe cumplir con las regulaciones debe evolucionar.
Primero, la clasificación de activos ya no se basa en “narrativas cualitativas” sino en “características cuantitativas”. Los VASP deben establecer procesos de cumplimiento automatizados que puedan calcular con precisión si un activo cumple con el estándar del Sec. 205. Esto no es un cumplimiento artesanal, sino un sistema basado en infraestructura tecnológica avanzada.
En segundo lugar, las instituciones que solo tengan capacidades básicas de KYC no podrán afrontar los requisitos del artículo 110. Las herramientas de análisis en cadena deben poder detectar saltos entre cadenas, mezclas y movimientos transfronterizos. Esto requiere una inversión significativa en tecnología y recursos humanos.
Tercero, los VASP deben reevaluar sus estrategias de wallets autogestionados. La lógica de gestión de riesgos debe proteger los derechos de los usuarios, permitiendo la interceptación en tiempo real de activos de alto riesgo—esto no es simplemente listas negras, sino análisis profundo de la topología de las transacciones.
Conclusión: la conformidad técnica se ha convertido en la tendencia principal
H.R.3633 no será la versión definitiva de la regulación cripto, pero ya establece la dirección tecnológica clara para 2026: evaluaciones de madurez cuantitativa, auditorías penetrantes de stablecoins y el reconocimiento legal de las herramientas de análisis en cadena.
Esto significa que la futura conformidad ya no será solo llenar formularios o presentar documentos, sino una evaluación cuantitativa basada en la transparencia de datos y capacidades tecnológicas. Para los VASP, esto representa un desafío y una oportunidad—quien logre primero construir una infraestructura de cumplimiento que cumpla con la nueva ley, tendrá una ventaja competitiva en esta nueva era regulatoria. La era de la “computación” en el sector cripto ya ha comenzado.
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La ley CLARITY establece una nueva era de regulación "computacional", y la revisión de la BSA obliga a una actualización en el cumplimiento técnico obligatorio
Estados Unidos está a punto de entrar en una nueva fase en la regulación de las criptomonedas. El 15 de enero de 2026 por la mañana, el Comité del Senado de Banca planea votar la versión revisada de la Ley CLARITY, una votación clave que determinará la lógica regulatoria futura para la industria de activos digitales. Más que una simple ley, se trata de una guía para la transformación del sector—una revisión fundamental de cómo las autoridades reguladoras evalúan los activos digitales, pasando de juicios cualitativos ambiguos a un sistema de evaluación cuantitativa basado en indicadores calculables.
La ley original H.R.3633 fue aprobada en la Cámara de Representantes el 17 de julio de 2025 con una mayoría de 294 a 134 votos y fue presentada en el Senado el 18 de septiembre. Sin embargo, debido a su impacto en las stablecoins y las reservas bancarias tradicionales, quedó en un estancamiento. No fue hasta el 12 de enero de 2026 que el presidente del Comité del Senado de Banca, Tim Scott, hizo público el texto final de la negociación bipartidista. Esta revisión fortaleció las responsabilidades penales de los emisores de stablecoins y detalló los procedimientos de verificación para las “blockchains maduras”—lo que indica que esta reforma no es una medida provisional, sino una actualización regulatoria sistemática y bien pensada.
De “cualitativo” a “cuantitativo”: la ley redefine la base de la regulación
Si antes la regulación de las criptomonedas dependía de juicios subjetivos de los funcionarios de la SEC y de herencias regulatorias como la “Prueba de Howey”, la Ley CLARITY establece un nuevo marco basado en datos y en la transparencia de las blockchain. El artículo 205 de la ley define los criterios para reconocer una “blockchain madura”, que se basa en un sistema de indicadores calculables.
Cualquier activo que busque ser clasificado como “bien digital” debe cumplir con un conjunto de condiciones cuantitativas claras. La más importante es el control de la concentración de gobernanza—los emisores, entidades relacionadas y actores en acción conjunta no pueden poseer en conjunto más del 20% del poder de voto. Esto no es una exigencia vaga, sino una línea matemática precisa. Para los VASP (Proveedores de Servicios de Activos Virtuales), esto implica realizar auditorías profundas de “gobernanza penetrante” antes de decidir listar un activo, en lugar de confiar únicamente en la descripción del proyecto en su whitepaper.
Incluso si un protocolo Layer 2 o una aplicación DeFi parecen tener una distribución de tokens dispersa, si el equipo fundador mantiene derechos de gobernanza clave mediante firmas múltiples, legalmente aún podrían ser considerados sistemas no maduros y, por tanto, clasificados como valores. Esto obliga a los exchanges a tener la capacidad de identificar estos “poderes ocultos” durante las revisiones de cumplimiento.
Asimismo, la ley exige que los sistemas maduros tengan código fuente accesible públicamente y un historial de transacciones completamente verificable de forma independiente. Las cadenas privadas o las cadenas laterales con gestión centralizada que carezcan de esta transparencia enfrentarán dificultades para acceder a los principales exchanges después de 2026. Esto impulsa efectivamente a la ecosistema cripto hacia un entorno más abierto y transparente.
La “espada de Damocles” de las stablecoins: de garantías de auditoría a responsabilidad penal
La actualización en la regulación de stablecoins puede ser la parte más estricta de la ley. Para las “stablecoins de pago autorizadas”, la ley establece una protección regulatoria comparable a la de la banca tradicional. La sección 512 es especialmente crucial—exige que los emisores de stablecoins presenten informes de auditoría en nivel de “Examination” mensualmente.
Aquí es importante distinguir entre “Examination” y “Attestation”. En el contexto de auditoría profesional, “Examination” representa el nivel más alto de garantía, requiriendo que el auditor no solo verifique los números del informe, sino que también penetre directamente en los activos subyacentes—por ejemplo, verificando directamente las reservas en bonos del Estado o en efectivo. Esto significa que los emisores ya no podrán simplemente afirmar “tenemos reservas”, sino que deberán someterse a auditorías financieras de nivel militar.
Aún más contundente es la introducción de responsabilidad penal. Según la sección 18 U.S.C. 1350©, los CEO y CFO deben confirmar personalmente la veracidad del informe de auditoría mensual. Si se detecta que se oculta una escasez de reservas o se falsifican datos financieros importantes, los altos ejecutivos enfrentan cargos penales federales. Este mecanismo de “responsabilidad personal” tiene un objetivo claro: acabar con las prácticas habituales en el sector de stablecoins, como la desconexión algorítmica y las reservas falsificadas.
La revisión de la BSA y la exigencia de análisis en cadena
La enmienda a la Ley de Secreto Bancario (BSA) en la Ley CLARITY puede ser la parte más fácil de pasar desapercibida, pero con un impacto profundo. La ley exige que los corredores y exchanges de activos digitales utilicen “herramientas de análisis de registros distribuidos apropiadas” para monitorear y reportar actividades sospechosas.
Este requisito significa que el análisis en cadena, que antes era opcional y costoso, ahora es obligatorio para cumplir con la BSA. La falta de integración de herramientas de análisis que cumplan con los estándares federales será considerada incumplimiento, afectando directamente la capacidad de registro. Esto obliga a toda la industria a actualizar su infraestructura—la integración de análisis en cadena ya no es opcional.
Pero la ley también establece un límite invisible: el artículo 105 protege el derecho de los ciudadanos estadounidenses a poseer wallets autogestionados y realizar transacciones P2P. Esto crea una paradoja—los VASP deben identificar movimientos ilícitos sin restringir el derecho a la autogestión. Esto requiere que los análisis en cadena evolucionen desde simples “listas negras de direcciones” hacia análisis de topologías de múltiples saltos. Los VASP deben demostrar, sin violar la privacidad, que los fondos recargados no pasaron por mezcladores ilícitos o entidades sancionadas. Es un desafío técnico real.
La realidad del sector: la actualización de la infraestructura de cumplimiento ya es imprescindible
Desde los tres pilares de la ley (estándares cuantitativos, responsabilidad de stablecoins, requisitos de análisis en cadena en la BSA), una señal clara emerge: el modo en que la industria cripto debe cumplir con las regulaciones debe evolucionar.
Primero, la clasificación de activos ya no se basa en “narrativas cualitativas” sino en “características cuantitativas”. Los VASP deben establecer procesos de cumplimiento automatizados que puedan calcular con precisión si un activo cumple con el estándar del Sec. 205. Esto no es un cumplimiento artesanal, sino un sistema basado en infraestructura tecnológica avanzada.
En segundo lugar, las instituciones que solo tengan capacidades básicas de KYC no podrán afrontar los requisitos del artículo 110. Las herramientas de análisis en cadena deben poder detectar saltos entre cadenas, mezclas y movimientos transfronterizos. Esto requiere una inversión significativa en tecnología y recursos humanos.
Tercero, los VASP deben reevaluar sus estrategias de wallets autogestionados. La lógica de gestión de riesgos debe proteger los derechos de los usuarios, permitiendo la interceptación en tiempo real de activos de alto riesgo—esto no es simplemente listas negras, sino análisis profundo de la topología de las transacciones.
Conclusión: la conformidad técnica se ha convertido en la tendencia principal
H.R.3633 no será la versión definitiva de la regulación cripto, pero ya establece la dirección tecnológica clara para 2026: evaluaciones de madurez cuantitativa, auditorías penetrantes de stablecoins y el reconocimiento legal de las herramientas de análisis en cadena.
Esto significa que la futura conformidad ya no será solo llenar formularios o presentar documentos, sino una evaluación cuantitativa basada en la transparencia de datos y capacidades tecnológicas. Para los VASP, esto representa un desafío y una oportunidad—quien logre primero construir una infraestructura de cumplimiento que cumpla con la nueva ley, tendrá una ventaja competitiva en esta nueva era regulatoria. La era de la “computación” en el sector cripto ya ha comenzado.