El cielo como tinta, una pesada sensación de opresión cae desde los nueve cielos, como una mano invisible que aprieta la garganta de todas las cosas. Él se encuentra solo en la cima del mundo, la bandera de guerra rota ondea a su espalda, ese es el único legado que le dejaron los camaradas caídos.



La espada en su mano, llamada “Línea Inversa”, concentra en su filo la última chispa de luz estelar, luchando en vano contra esta oscuridad eterna. Recuerda que el cielo alguna vez fue azul profundo, que el sol alguna vez calentó la tierra. Hasta aquel día, el llamado “Camino Celestial” se manifestó, usando a todas las cosas como perros de paja, estableciendo un orden frío, drenando la energía espiritual de la tierra, apagando la llama del mundo humano, triturando a los rebeldes en polvo.

La sangre de sus camaradas empapa la tierra bajo sus pies, las lágrimas de sus seres queridos se congelan en cristales de hielo en el frío viento. La desesperación se desborda como una marea sobre la cabeza de cada superviviente, solo no ha ahogado esa chispa de fuego en su corazón. Eso no es esperanza, la esperanza es demasiado lujosa; es una determinación, una decisión de dejar cicatrices incluso si hay que quemar todo.

“¡Si el cielo quiere destruirme, entonces lo mataré!” Un gruñido ronco sale de su garganta, más impactante que el trueno. Levanta la cabeza, su mirada como dos espadas afiladas al rojo vivo, apunta hacia la fuente de esa oscuridad insondable. “¿Las reglas las pones tú, la vida y la muerte las controlas tú? ¿Por qué!”

Su cuerpo comienza a arder, no en llamas, sino en su última esencia vital, en la voluntad no cumplida de innumerables fallecidos, en los gritos de resistencia que aún permanecen en lo profundo de la tierra. Se reúnen en un rayo de luz que atraviesa el cielo, rasgando la noche opaca.

La espada “Línea Inversa” emite un gemido como de dragón, fusionándose con él. Sin movimientos complicados, sin nombres rimbombantes, solo un golpe simple y puro — el golpe que condensa toda su existencia — dirigido sin dudar hacia el núcleo del “Cielo” supremo, con determinación inquebrantable.

“¡Déjame, abrir este cielo!”

Donde la hoja de la espada toca, la oscuridad comienza a romperse como cristal, produciendo un lamento doloroso. Una luz, una luz cálida y brillante que hacía mucho no se veía, cae desde la grieta. Él sonríe, su cuerpo comienza a disolverse en la luz. Sabe que esta espada quizás no pueda matar al “Cielo”, pero sin duda puede romper esta noche asfixiante, permitiendo que los que vengan después vean que más allá del firmamento no hay eternidad inalcanzable.

La grieta se expande, la luz fluye sin cesar. Una nueva leyenda quizás comience con esta espada, una rebelión audaz y sorprendente. #内容挖矿焕新公测开启
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