La encrucijada de las monedas de privacidad: de la «privacidad incondicional» a la transformación de paradigma de la «privacidad verificable»

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La privacidad está convirtiéndose en un requisito necesario para que la cadena de bloques conecte las finanzas tradicionales — pero esta forma de privacidad está experimentando cambios fundamentales. Desde el anonimato completo hasta la divulgación selectiva, y con la aparición de infraestructuras de cálculo de privacidad, el sector de la privacidad ha llegado a una encrucijada de diferenciación.

El «nudo» de Monero: por qué la privacidad total no funciona en el mundo financiero

Monero representa el ideal técnico más puro de las monedas de privacidad. A través de mecanismos como firmas en anillo, direcciones furtivas y transacciones confidenciales, oculta completamente al remitente, destinatario y monto de la transferencia en la capa de protocolo, impidiendo que observadores externos rastreen el flujo de fondos. Para los usuarios individuales, esto ofrece una experiencia de privacidad perfecta — protección predeterminada, sin necesidad de elección.

Pero precisamente esa «perfección» se ha convertido en un nudo mortal para su adopción por parte de instituciones financieras.

El límite inferior del sistema financiero moderno es la «auditoría cuando sea necesaria». Los bancos necesitan mantener registros de transacciones para cumplir con la gestión de riesgos, la lucha contra el lavado de dinero y los requisitos fiscales. Los reguladores necesitan rastrear el origen de los fondos para prevenir la entrada de dinero ilícito. Los sistemas completamente anónimos «bloquean permanentemente» esta información en la capa de protocolo — incluso si las instituciones desean cumplir voluntariamente, estructuralmente no pueden hacerlo.

Esto no es solo un conflicto técnico y regulatorio, sino una oposición de objetivos del sistema. La evaluación de riesgos KYC no puede realizarse en cadenas completamente anónimas — las instituciones no pueden verificar la identidad de las contrapartes ni la legalidad del origen de los fondos, por lo que no pueden completar las certificaciones anti-lavado de dinero necesarias.

¿El resultado? Eliminación de las plataformas de intercambio, rechazo de acceso por parte de los medios de pago, imposibilidad de entrada de fondos institucionales. La demanda no desaparece, sino que migra a intermediarios de alto fricción como servicios de cambio instantáneo, donde los usuarios enfrentan mayores diferenciales y comisiones, además de asumir riesgos de congelación de fondos y contraparte. Los intermediarios venden rápidamente Monero y cobran comisiones, generando una presión vendedora estructural continua que distorsiona la formación de precios a largo plazo.

Desde esta perspectiva, la privacidad totalmente anónima no es un fracaso técnico, sino que está bloqueada en escenarios de uso no institucionalizados. En la era de la regulación en las finanzas, su competencia ya no es «¿puedo ocultar todo?», sino «¿puedo demostrar todo cuando sea necesario?».

La prueba y error de Zcash: por qué la «privacidad opcional» aún no es suficiente

Zcash mejoró el modelo de Monero, introduciendo un diseño que combina direcciones transparentes y direcciones shielded. Los usuarios pueden optar por privacidad o transparencia, y también pueden revelar detalles de transacciones a terceros mediante claves de vista. Esto representa un avance conceptual: privacidad y cumplimiento ya no son mutuamente excluyentes.

Desde la perspectiva de la validación de concepto, Zcash demuestra que las herramientas criptográficas pueden reservar interfaces técnicas para la divulgación regulatoria. A los reguladores no les interesa la «transparencia total», sino la «anonimidad no auditada». El diseño de Zcash responde precisamente a esta preocupación central.

Pero cuando Zcash pasa de ser una herramienta para transferencias personales a una infraestructura para transacciones institucionales, surgen cuellos de botella.

Las transacciones institucionales involucran múltiples actores: contrapartes que necesitan confirmar condiciones de cumplimiento, entidades de liquidación que requieren conocer montos y tiempos, auditores que deben verificar registros completos, reguladores que se interesan por el origen de los fondos y los resultados de las evaluaciones KYC. Estos actores tienen necesidades de información que no solo son asimétricas, sino también parcialmente superpuestas.

La estructura binaria de Zcash no puede satisfacer con precisión estas demandas diferenciadas. Una transacción debe ser completamente pública o completamente oculta; las instituciones no pueden revelar solo la «información necesaria». Esto significa que, en procesos financieros complejos, Zcash o expone demasiada información sensible, o no puede cumplir con los requisitos básicos de cumplimiento. La capacidad de privacidad, por tanto, resulta difícil de integrar en los flujos de trabajo reales de las instituciones.

Canton y la integración con las finanzas reales: ingeniería y procesos de privacidad

A diferencia del impacto conceptual de Zcash, Canton Network diseña partiendo directamente de los procesos y regulaciones de las instituciones financieras. Su núcleo no es «ocultar transacciones», sino «gestionar finamente el acceso a la información».

Mediante el lenguaje de contratos inteligentes Daml, Canton divide una transacción en múltiples componentes lógicos. Los diferentes participantes solo ven los fragmentos de datos relacionados con sus permisos, mientras que el resto de la información se aísla en la capa de protocolo. La privacidad no es una propiedad adicional tras completar la transacción, sino que está integrada en la estructura del contrato y en el sistema de permisos, formando parte del proceso de cumplimiento.

Este diseño es radicalmente transformador. Canton adopta activamente la realidad del sistema financiero, llevando la privacidad a la ingeniería y a la institucionalización — ya no en oposición a la transparencia, sino como una infraestructura controlable y verificable dentro del marco financiero. La evaluación de riesgos KYC deja de ser una oposición a la privacidad y puede realizarse sin exponer datos de identidad originales.

Privacidad 2.0: de «ocultar qué» a «qué se puede hacer en estado oculto»

Cuando la privacidad se redefine como un requisito para la cadena de instituciones, el sector de la privacidad también evoluciona.

La privacidad 1.0 se centraba en «qué ocultar y cómo ocultarlo» — ocultando rutas de transacción, montos y asociaciones de identidad. Pero las instituciones no solo necesitan privacidad en las transferencias, sino completar la coincidencia de transacciones, cálculos de riesgo, liquidaciones, ejecución de estrategias y análisis de datos en un entorno de privacidad. Si la privacidad solo cubre la capa de pagos y no la lógica de negocio, su valor para las instituciones es limitado.

Este es el núcleo de la privacidad 2.0 — centrarse en «qué se puede hacer en estado oculto».

Aztec Network es un ejemplo representativo de esta transición. Integra la privacidad como una propiedad programable en el entorno de ejecución de contratos inteligentes. Mediante una arquitectura de Rollup basada en pruebas de conocimiento cero, los desarrolladores pueden definir con precisión qué estados son privados y cuáles públicos, logrando una lógica híbrida de «privacidad parcial y transparencia parcial». Así, la privacidad deja de limitarse a transferencias simples y puede abarcar préstamos, transacciones, gestión de cofres, gobernanza DAO y otras estructuras financieras complejas.

Pero la evolución más profunda de la privacidad 2.0 apunta a las «redes de cálculo de privacidad». Proyectos como Nillion, Arcium y otros están construyendo capas de colaboración de privacidad que no dependen de la cadena. Mediante computación multipartita segura (MPC), cifrado homomórfico completo (FHE) y pruebas de conocimiento cero (ZKP), los datos pueden almacenarse, invocarse y calcularse en estado cifrado en todo momento. Los participantes no necesitan acceder a los datos originales para realizar inferencias, evaluaciones de riesgo o ejecutar estrategias conjuntas.

Esto significa que la privacidad pasa de ser una propiedad de la capa de transacción a una capacidad de la capa de cálculo. El potencial del mercado se expande a inferencias de IA, operaciones en pools oscuros, divulgación de datos RWA y colaboración de datos entre empresas.

A diferencia de las monedas de privacidad tradicionales, el valor de estos proyectos no depende de una «prima de privacidad», sino de la irreemplazabilidad de sus funciones. Cuando ciertos cálculos no pueden realizarse en entornos públicos o en modo claro, o cuando hacerlo genera riesgos comerciales graves, la computación de privacidad ya no es una cuestión de «¿lo necesito?», sino de «sin ella, no puedo operar».

Otra característica de la privacidad 2.0 es la «privacidad invisible». La privacidad ya no existe en forma explícita, sino que se descompone en módulos reutilizables, integrados en carteras, abstracciones de cuentas, Layer2, puentes cross-chain y sistemas empresariales. Los usuarios finales quizás no sean conscientes de que están «usando privacidad», pero sus saldos, estrategias de transacción y asociaciones de identidad ya están protegidos en estado predeterminado.

Al mismo tiempo, la atención regulatoria también cambia. En la fase 1.0, el problema era «¿existe anonimato?», y en la fase 2.0, la cuestión es «¿puedo verificar la conformidad sin exponer datos originales?». La prueba de conocimiento cero y la conformidad basada en reglas se convierten en interfaces clave para el diálogo entre proyectos de cálculo de privacidad y entornos regulatorios. La privacidad deja de ser vista como una fuente de riesgo y pasa a ser una herramienta tecnológica para lograr la conformidad.

La verdadera bifurcación del sector de la privacidad

La principal bifurcación del sector de la privacidad ya no es «¿existe privacidad?», sino «¿cómo usar la privacidad en un marco de cumplimiento?».

Los modelos completamente anónimos tienen un valor de seguridad insustituible a nivel personal, pero su incapacidad para ser auditados los hace inviables para actividades financieras institucionales. La privacidad selectiva, con diseños que permiten divulgación y autorización, proporciona interfaces técnicas entre privacidad y regulación. La privacidad 2.0 lleva esto aún más lejos, elevando la privacidad de un atributo de activo a una infraestructura de cálculo y colaboración.

En el futuro, la privacidad ya no será una función explícita, sino una suposición predeterminada en los sistemas, integrada en diversos procesos financieros y de datos. Los proyectos de privacidad con valor a largo plazo no necesariamente serán los más «secretos», sino los más «útiles, verificables y conformes».

Este es el signo clave de que el sector de la privacidad está pasando de la fase experimental a la fase madura.

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