El Viejo Man Mo es como un bastón de tinta que no es particularmente oscuro pero perdura de manera agradable— asentado en el fondo de la piedra de tinta, ni compitiendo ni clamando, pero llevando un peso propio. No habla, simplemente existe—un símbolo espiritual de la comunidad, que nunca despierta emociones, nunca fomenta la ansiedad, nunca ofrece promesas superficiales. Se asemeja a una vieja pared, desgastada por el viento y la escarcha, pero siempre cálida al tacto; como una lámpara envejecida, cuya luz es suave pero lo suficientemente firme para acompañar a alguien en la noche profunda.
É
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