Muchos padres son expertos en asustar a sus hijos con el argumento de que “si no estudian, les irá peor”, pero no saben explicar la belleza del propio aprendizaje. Hoy en día, la narrativa sobre la educación es casi siempre en sentido inverso: no estudiar significa fracasar, ser eliminado, no tener futuro. El aprendizaje se presenta como un medio para evitar caer, en lugar de una forma de vida que merece ser anhelada. Esta narrativa parece realista, pero en realidad es peligrosa. El miedo solo genera obediencia a corto plazo, pero no sostiene un crecimiento a largo plazo.
Las personas que aprenden por miedo, desarrollan ansiedad por el fracaso, en lugar de interés por el mundo; aprenden a responder a las evaluaciones, en lugar de comprender y pensar. Cuando solo podemos describir lo terrible de no aprender, pero no podemos mostrar cómo viven las personas bien educadas, significa que nosotros mismos no hemos experimentado realmente el valor de la educación. La verdadera educación no hace a las personas más seguras, sino más conscientes; no garantiza el éxito, sino que moldea la forma en que ven el mundo.
Una persona verdaderamente educada puede distinguir problemas complejos, reflexionar sobre sí misma, entender a los demás; mantener juicio en la incertidumbre, mantener sentido de dirección en los cambios; saber cómo aprender, corregir sus puntos de vista y convivir con diferentes personas. Estas habilidades rara vez aparecen en las discusiones sobre calificaciones y tasas de retorno, pero determinan si una persona es fácilmente manipulable, si puede ser arrastrada por extremos, o si colapsa en medio del cambio.
Cuando una generación no ha experimentado la alegría de comprender ni el poder del pensamiento, solo puede educar a la siguiente con amenazas, simplificando la educación a “aguanta un poco, que en el futuro estará bien”. Pero la paciencia sin valor percibido solo se convertirá en aburrimiento. Lo que la verdadera educación debería enseñar no es “qué pasa si no estudias”, sino “cómo vive una persona que realmente aprende”. Esa persona será más libre, más estable y más digna. El significado del aprendizaje no está en evitar caer, sino en expandir la altura a la que la vida puede llegar.
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Muchos padres son expertos en asustar a sus hijos con el argumento de que “si no estudian, les irá peor”, pero no saben explicar la belleza del propio aprendizaje. Hoy en día, la narrativa sobre la educación es casi siempre en sentido inverso: no estudiar significa fracasar, ser eliminado, no tener futuro. El aprendizaje se presenta como un medio para evitar caer, en lugar de una forma de vida que merece ser anhelada. Esta narrativa parece realista, pero en realidad es peligrosa. El miedo solo genera obediencia a corto plazo, pero no sostiene un crecimiento a largo plazo.
Las personas que aprenden por miedo, desarrollan ansiedad por el fracaso, en lugar de interés por el mundo; aprenden a responder a las evaluaciones, en lugar de comprender y pensar. Cuando solo podemos describir lo terrible de no aprender, pero no podemos mostrar cómo viven las personas bien educadas, significa que nosotros mismos no hemos experimentado realmente el valor de la educación. La verdadera educación no hace a las personas más seguras, sino más conscientes; no garantiza el éxito, sino que moldea la forma en que ven el mundo.
Una persona verdaderamente educada puede distinguir problemas complejos, reflexionar sobre sí misma, entender a los demás; mantener juicio en la incertidumbre, mantener sentido de dirección en los cambios; saber cómo aprender, corregir sus puntos de vista y convivir con diferentes personas. Estas habilidades rara vez aparecen en las discusiones sobre calificaciones y tasas de retorno, pero determinan si una persona es fácilmente manipulable, si puede ser arrastrada por extremos, o si colapsa en medio del cambio.
Cuando una generación no ha experimentado la alegría de comprender ni el poder del pensamiento, solo puede educar a la siguiente con amenazas, simplificando la educación a “aguanta un poco, que en el futuro estará bien”. Pero la paciencia sin valor percibido solo se convertirá en aburrimiento. Lo que la verdadera educación debería enseñar no es “qué pasa si no estudias”, sino “cómo vive una persona que realmente aprende”. Esa persona será más libre, más estable y más digna. El significado del aprendizaje no está en evitar caer, sino en expandir la altura a la que la vida puede llegar.