Perdí mi vida por invertir en acciones.


He visto esta frase demasiadas veces.
Este hermano, de campo, con una licenciatura en informática, trabaja desde hace tres años, con una deuda de 19 mil.
Lo más doloroso no es perder dinero.
Es que su padre lloró frente a él, diciendo que el dinero que ganó con mucho esfuerzo en la construcción se había ido de repente.
He dirigido comunidades, y he visto muchos casos así.
Al principio son pequeños errores, fondos que pierden 1500.
Pensando en aumentar el capital para recuperarlo, piden 5 mil a los padres, toman 1 mil en préstamo, y terminan en liquidación forzada.
Después de trabajar, los padres les dan 30 mil para comprar una casa, y viendo cómo sube el oro, en una noche se quedan en ceros.
¿Puede un jugador compulsivo cambiar?
Él mismo dice: el perro no cambia su hábito de comer mierda.
¿Por qué no puede dejarlo?
No es avaricia, es insatisfacción.
Pierde un 10%, quiere recuperarlo sin jugar.
Pierde 5 mil, quiere volver a empezar de cero.
Pierde 30 mil, quiere arriesgarse a lo grande.
Cada vez piensa que será la última vez.
Cada vez pone más en juego.
¿Y qué es lo más mortal?
Él sabe que no debería tocarlo, pero siempre encuentra una excusa.
Antes de Año Nuevo quería formalizar su relación con su novia, ella tiene seis años más, quieren casarse, quería arriesgarse.
Terminaron, y volvió a meterse en la bolsa, sin poder soportarlo.
Su cumpleaños no tiene brillo, y después de Año Nuevo pierde otros 15 mil.
Las excusas siempre están, los resultados siempre iguales.
Voy a decir algunas cosas duras.
Primero, no estás invirtiendo, estás apostando.
T+0, trading de criptomonedas, oro, seguir las tendencias, vender en alza y comprar en baja.
Estas palabras suenan profesionales, pero en esencia son apostar a si sube o baja.
Segundo, has ganado 17 mil y no te has detenido, estás condenado a devolverlo.
La única oportunidad de ganar en el juego es irte cuando ganas.
Pero no te vas, porque piensas que eres un maestro en retirarte, que el trading mantiene a tu familia.
Tercero, usar el dinero de la compra de una casa o los ahorros de tus padres para apostar en la bolsa es un gran error.
Ese dinero tiene un propósito, no es para apostar.
Perder no es solo tu pérdida, sino la de toda la familia.
Cuarto, endeudarse para invertir en bolsa es como suicidarse.
Pides 5 mil para entrar, pierdes 4 mil, y tu estado mental explota.
Bajo tanta presión, tus decisiones son todas erróneas.
¿Y ahora qué hacer?
Aquí tienes cinco consejos para salir adelante, solo síguelos.
Primero, cierra la cuenta.
No es reducir la posición, es cerrar la cuenta.
Borra las apps de trading, cierra las cuentas, no dejes puertas abiertas.
Si no puedes controlarte, no sobreestimes tu voluntad.
Segundo, sé honesto.
Habla con tus padres, cuéntales cuánto debes y cómo lo hiciste.
No lo escondas, porque solo hará que la deuda crezca.
Quizá te regañen, te decepcionen, pero es mejor que un acreedor llegue a tu puerta algún día.
Tercero, haz cuentas.
19 mil de deuda, en 36 meses, pagando 5300 al mes.
Vives en Shanghái, con un salario de 17 mil, puedes lograrlo ahorrando un poco.
No pienses en recuperarlo rápido, primero paga mes a mes.
Cada pago reduce la deuda un poco.
Cuarto, el trabajo es la base.
Eres ingeniero en informática, trabajas en Shanghái, con fin de semana libre.
Eso es tu respaldo, no pongas en riesgo tu trabajo por apostar.
Si no te concentras en tu empleo, ni pienses en trabajos secundarios, primero estabiliza tu trabajo principal.
Un ascenso y un aumento de sueldo son mil veces más confiables que el trading.
Quinto, no toques nada con apalancamiento.
Acciones, fondos, criptomonedas, futuros, opciones.
No toques ninguno.
Si no puedes controlarte, mejor no toques nada.
Aceptar que no puedes, no es vergonzoso.
Muchos dicen: ¿Y qué será de mi vida así?
No es así.
Tienes 24 años, con 19 mil de deuda, no 190 mil.
En tres años, la pagarás y podrás empezar de nuevo a los 27.
Casarse y comprar casa unos años más tarde no es gran problema.
Lo que más da miedo es que pienses en recuperarte rápido y vuelvas a arriesgarte otros tres años.
Para terminar, una verdad.
Que tu padre llore frente a ti no es porque hayas perdido dinero.
Es porque teme que te pase algo.
En tu dormitorio en el piso 34, has pensado en saltar.
Pero no puedes dejar a tus padres, ellos tampoco pueden dejarte.
El dinero se puede ganar de nuevo, pero la vida no.
El camino para salir adelante no tiene atajos.
Cada mes paga un poco, y la deuda será menor.
Cada mes ahorra un poco, y tu respaldo será mayor.
No pienses en recuperar todo de golpe, ni en hacerte rico de la noche a la mañana, ni en demostrar nada.
Estar vivo es lo más importante.
Ve despacio, con calma, sin prisa.
Dentro de tres años, cuando mires hacia atrás, agradecerás no haberte rendido.
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